domingo, 28 de agosto de 2011

LA NADA EN EL NACIMIENTO DEL ARTE (I)

el cuadro sinóptico está basado en los esquemas de Alfred Barr, primer director del MOMA


Es el esquema del nacimiento del arte en cuatro dimensiones, las tres dimensiones espaciales cartesianas más el factor tiempo. Nos encontramos ante la contradicción de tiempo real lineal, como el tiempo que marca el calendario, y tiempo mental elástico, como el representado por los relojes deformados de Dalí.

Este diagrama nos lleva a situar el nacimiento del arte en torno a 1965. Es el momento del nacimiento del arte, de su máxima expansión y capacidad de liberación.

Así es como podemos llegar a definir el arte. El arte es la actividad humana que no sirve para nada sino para posicionarse y actuar intelectualmente, y que se realiza mediante una serie de técnicas y procedimientos establecidos o por establecer.

Y es de esta manera que se concluye que el arte no es nada a pesar de la charlatanería y la pedantería de aquellos que pretenden inflar su propio ego y/o el precio de ciertas obras.



Los PRESOCRÁTICOS ya hablaban del vacío. Para DEMÓCRITO “toda la naturaleza se compone de la nada y de algo” y además “donde no hay materia hay vacío”

LAO TSÉ nos dejó sus versos “unimos treinta radios y lo llamamos rueda…”

JOHN CAGE hizo lo propio con “4´33´´” de silencio en 1952

ROBERT RAUSCHENBERG buscó recuperar el blanco del papel en “dibujo borrado de Willem de Kooning” en 1953

YVES KLEIN buscaba lo inmaterial como un concepto trascendental, “el vacío” en el año 1958

JOSEPH KOSUTH define la nada con “nothing” en 1967

ROBERT BARRY en “todo lo que sé pero en lo que no estoy pensando en este momento” abarca lo intangible que se encuentra en la mente en 1969.



jueves, 25 de agosto de 2011

PERESTROIKA (11º Y ULTIMO)

0 (A)




- Por tu culpa nos van a dar trato de traidores. Nos van a poner frente a un pelotón de fusilamiento. Lo último que veamos será un puñado de cabrones con gorras de plato apuntándonos con sus kalashnikov al pecho.

- ¿No podrías ser un poco optimista? Podemos inventarnos una historia. Decir que oía voces, que veía platillos volantes o yo qué sé. Además, nos podemos declarar disidentes, en cuyo caso nos deportarían a Siberia. O eso creo.

- Los del KGB nos van a aplastar como a insectos.

- ¡Qué va! ¿Quién sabe? En Siberia podríamos formar una familia. Tú, yo y un montón de chiquitines.

- ¡Qué castigo! Nos van a joder vivos y tú diciendo memeces. Además no sabemos qué está pasando en la Unión Soviética. Cuando despegamos, la situación política estaba muy revuelta.

- Es cierto. La Perestroika.

- Le pueden llamar reconstrucción, reestructuración o lo que sea pero todo va a seguir igual.

- Te equivocas. Allá abajo se está viviendo un momento histórico. Yuri me lo explicó todo. Va a haber democracia. El comunismo por fin va a salir de las cavernas. Esto es sólo el principio de la lucha del proletariado contra la represión burguesa.

- ¡Oye! ¡Para el carro, camarada! No es necesario que me sueltes un discurso ideológico. Si no eres más que un buscavidas…

- Es la verdad. La Glasnost, el pilar en que se sustenta la Perestroika, es la liberalización y la apertura. Los países socialistas –por fin- verán acelerar su desarrollo económico y social. Desaparecerá la censura y habrá libertad de expresión. Habrá una desestalinización total. Los koljoses y subjoses podrán vender directamente al público. Los taxistas serán dueños de sus taxis. Y los dueños de cafés y talleres de reparación serán sus propietarios. Habrá un diálogo pacífico entre las naciones y se reducirá la amenaza nuclear.

- Los rusos nunca permitirán que eso ocurra.

(En aquel momento, llevado por la emoción que sentía ante la promesa de un futuro mejor para nuestras vidas y para el mundo –y también llevado por los ojos ligeramente achinados y la belleza morena de Natalia- me abalancé sobre ella para besarla. Mi sorpresa fue la fuerza desproporcionada con que ella se deshizo de mí, estampándome contra la pared del módulo y –ya de paso- destrozando las muestras de un cultivo experimental.)

- ¡Imbécil! ¿Cuándo te vas a dar cuenta? No soy lo que tú te crees.

- ¿Qué estás diciendo?

- Que soy transexual.

- ¿Cómo?

- Esos comunistas que –según tú- van a salvar el mundo, me hicieron esto.

- ¿De qué estás hablando?

- Yo era espía en Berlín. Con la tapadera de agitar el insulso panorama cultural que el sistema permitía –yo era un referente local en el mundo de la moda alternativa- realmente me encargaba de detectar células subversivas que organizaban fugas al lado occidental. En una ocasión me descubrieron y logré escapar por los pelos. Así le surgió un problema a mis superiores. Yo era el mejor agente que ellos tenían y ahora mi foto estaba en todos los sótanos clandestinos de Berlín oriental. Un fatídico fin de semana sufrí un accidente más que sospechoso. Mi novia murió. Yo pasé muchos meses en coma. Cuando desperté me habían bombardeado con hormonas y me habían dejado este aspecto que ahora ves. Pero se olvidaron de operarme el cerebro. A mí me siguen gustando las mujeres, así que soy una especie de lesbiana con rabo.

- ¿Qué me dices?

- Pensaron que si me volvían a infiltrar como mujer, aprovechaban mi experiencia y en la práctica era un agente nuevo.

- ¡Pero eso es increíble! Increíble e inhumano.

- Si sigo vivo es por mis… no sé porqué. Muchas veces he pensado en quitarme la vida pero no he tenido valor.

xxx

Los astronautas lo llaman el segundo nacimiento. Te extraen de la cápsula lo mismo que a un niño del vientre materno. Luego te limpian y te reenseñan a andar. Te sientes como un extraño.

La vuelta a los rigores de la gravedad nos hizo caer en la cuenta de lo atrofiados que estábamos después de tanto tiempo en órbita. ¿Quién sabe las secuelas que tendríamos que arrastrar por el hecho de permanecer tanto tiempo en el espacio? Por eso a estas misiones nos enviaban a la chusma y no a astronautas de verdad.

Eran las dos y diecisiete de la tarde –hora local- cuando tocamos tierra. A través de las ventanillas se veía el paisaje terrestre. Los paracaídas se arrastraban de aquí para allá agitados por el viento. Hacía sol. La comitiva de recepción se acercaba. Tenía miedo.

Afuera del módulo orbital se organizó un festival. Nos recibían un montón de niños ondeando banderitas. No eran banderas rojas como en la antigua Unión Soviética. Ahora llevaban franjas horizontales blancas, azules y rojas. Nosotros no podíamos ni levantar la mano para devolverles el saludo. Los jefazos de Moscú también sonreían. Natalia –o como diríamos en mi isla, Nati- me cogió la mano y me sentí más tranquilo.

Fin.



domingo, 21 de agosto de 2011

PERESTROIKA (10º)

1 (K)




La Perestroika y sus reformas radicales fueron enunciadas en el XXVII Congreso del Partido entre febrero y marzo de 1986, unos meses antes del inicio de nuestra misión. Los años siguientes verían la cristalización de las reformas políticas de Mikhail Gorbachev.

La primera consecuencia de la Perestroika, en lo que concierne a la carrera espacial soviética, fue la aprobación de recortes presupuestarios. Dichos recortes debieron ser igual de drásticos que los cambios que necesitaba el bloque soviético porque el presupuesto no dio ni para devolvernos a la Tierra cuando se cumplían ciento cincuenta días de misión ultrasecreta, como nos había prometido el Ministro de Defensa el día del lanzamiento. No había presupuesto y se olvidaban de nosotros, héroes de la revolución. El Pacto de Varsovia se iba a la mierda y lo pagábamos Natalia y yo.

xxx

Aunque ya algunos de los relojes y contadores ni funcionaban, el acoplamiento se realizó sin contratiempos por encima del continente antártico. Ambos módulos se fundieron con lúbrica suavidad. Fue un acto lleno de poesía, belleza, y emoción.

El reencuentro con Natalia fue frío. No estaba en absoluto de acuerdo en que hubiera accionado el botón rojo. Además, algo había en su comportamiento que era sumamente intrigante, aunque entonces fui incapaz de descifrarlo. No obstante, el hecho de estar acompañado –aunque fuera en aquellas condiciones- para mí fue un desahogo, un soplo de aire vital.

Pasaron muchos, muchos días. Estábamos completamente desorientados en cuanto al tiempo que llevábamos en órbita. Baikonur nos daba instrucciones de manera unilateral y nos informaba únicamente de aquello que para ellos era importante. Pasada una temporada en el espacio, era imposible saber en qué fecha estábamos y más si tenemos en cuenta que el Sol salía y se ponía diecisiete veces al día. Solía pensar que nuestra nave tan solo era un pedazo más de basura espacial flotando sin rumbo.

Por fin, un día nos enviaron el mensaje que tanto habíamos esperado. Retorno / Retorno. Natalia y yo nos fundimos en un abrazo y, una vez más, lloré como un niño. A pesar del trabajo frenético que nos esperaba en los días siguientes, no dejaba de pensar en que se me acababa el plazo para conseguir acercarme a Natalia y mostrarle mis sentimientos.

(continuará...)



martes, 16 de agosto de 2011

¿...?

¿Es el propósito del arte el lanzar preguntas más que no el ofrecer las respuestas?






lunes, 15 de agosto de 2011

PERESTROIKA (9º)

2 (I)




Me costaba respirar. Estaba muy angustiado y sudaba copiosamente. La nave se hacía cada vez más estrecha. Las placas metálicas con las que estaba fabricado el exterior del módulo se iban contrayendo por efecto del calor del Sol, el astro que visiblemente aumentaba de tamaño ante mis incrédulos ojos. En el monitor con el que Baikonur se comunicaba conmigo, un gilipollas balbuceaba entre interferencias y sollozos que estuviese preparado por lo que pudiera pasar.

Miré por el ojo de buey. El corazón se me paralizó. Un frío repentino recorrió todo mi ser aterrado. Con la carne de gallina y un nudo en la garganta acerté a pronunciar tres palabras. ¡HIJOS DE PUTA! Lo habían hecho. Los muy malparidos lo habían logrado. En todo el paisaje terrestre que abarcaba mi vista –Escandinavia y las repúblicas bálticas- estallaban bombas atómicas con la misma efervescencia con la que las burbujas bullen en un vaso lleno de refresco carbonatado. El arsenal mundial de ojivas atómicas había estallado o estaba en el aire, en dirección a sus objetivos. Cientos de miles de misiles con cabeza nuclear estaban destruyendo en aquel momento toda la vida y la obra del hombre en la Tierra, aunque eso era tan solo un pequeñísimo acontecimiento en la obra de Dios. Era el fin del mundo pero el resto del universo conocido seguía expandiéndose como si tal cosa.

Mis familiares, mis amigos –si es que alguna vez tuve algún amigo de verdad-, mis paisanos y todos mis congéneres humanos estaban siendo exterminados por su propio impulso autodestructivo. ¿Quién sabe? Dicen que alguna vez nuestros átomos formaron parte de una estrella. ¿Por qué no va a ser posible que en algún momento del tiempo infinito estos mismos átomos que nos han dado forma puedan llegar a un estado eterno, superior y perfecto?

De una ranura en el costado de la nave se estaba vertiendo al vacío un liquidillo blanquecino. Eran las muestras de semen de los más ilustres representantes del comunismo y de otros personajes insignes de la humanidad. Ahí estaba el líquido seminal de Lenin, Stalin, Trotsky, Bakunin; y también el de Copérnico, Newton, Darwin o Einstein. Los óvulos donde hubieran debido implantarse aquellas muestras eran de muchachas anónimas de raza eslava. Todo aquel material reproductivo in vitro se había perdido para siempre. Entonces ¿qué hacíamos Natalia y yo cruzados de brazos? Ya que, casi con toda seguridad, íbamos a ser los únicos supervivientes de la especie humana debíamos ponernos sin dilación a practicar el proceso reproductivo pero de una manera mucho más natural.

xxx

Estaba empapado en sudor y con una erección de caballo. No era el fin del mundo. No había sido más que una pesadilla pero había sido muy real. Aunque ya nada importaba. Aquel día iba a ser el de mi vuelta a la Tierra. Tenía muchas cosas que hacer y no quería achicharrarme al reentrar en la atmósfera terrestre.

Cuando faltaba una hora para iniciar las maniobras de regreso, un operador desde el cosmódromo me informó de que se abortaba la operación. Aquello fue un mazazo muy fuerte en mi ánimo. Los últimos días habían sido interminables por la espera de aquel momento y de repente mi ilusión se había quedado en nada. En la misma nada en la que llevaba inmerso cinco meses. En la insoportable soledad. Es verdad que la Luna estaba mucho más cerca pero las galaxias seguían estando igual de lejos, como todas las respuestas.

Me quedé trastornado. El rebelde que llevo dentro salió a la superficie. No dejaba de mirar el botón rojo que nunca debía pulsar. Es decir, nunca que no fuese por un desastre nuclear. Alrededor del botón, formando un círculo fosforescente, se leía la inscripción “Protocolo de Emergencia Nuclear”. Si presionaba el botón mi nave se iría en busca de la nave de Natalia y ambas cápsulas se acoplarían. Ese acto, llevado a cabo por mi parte sin motivo justificado, supondría una insubordinación inaceptable de graves consecuencias.

Mi primer delito fue acceder al intercomunicador –sólo para emergencia nuclear- con el que podía comunicarme vía satélite a través de una computadora con Natalia. Yo suponía que ella debía sufrir un estado de alteración y rabia similar al mío. Le escribí que si estaba dispuesta a saltarse las normas y acoplar nuestros módulos. Al cabo de un rato en el que debió sorprenderse por mi petición, en la pantalla de la computadora apareció su escueta respuesta. Niet spasibo.

(continuará...)
 

domingo, 14 de agosto de 2011

sábado, 13 de agosto de 2011

viernes, 12 de agosto de 2011

PERESTROIKA (8º)

3 (O)




La soledad comenzó a minar mis cimientos psicológicos al cabo de unas pocas semanas de estar en órbita a pesar de que había sido entrenado para soportarla y tenía el tiempo ocupado en no pocas actividades y experimentos. Al principio pensaba en mi familia, aquellos a los que había repudiado y que ahora tanto añoraba. Mi abuelo, con el que tanto aprendí siendo un mocoso, llenaba muchas horas en mis recuerdos. Había llegado a Cuba en un barco de guerra, dispuesto a morir. Sólo él sabe qué fantasmas le empujaron hasta allí desde su isla natal en el Mediterráneo –Ibiza- pero allí se acostumbró a los huracanes y se enamoró de las mejores playas del mundo y de mi abuela, una negra quince años más joven que él. Fruto de aquel matrimonio, nació mi padre.

Mi padre es la persona que más me ha marcado. Es maestro de escuela y, si no ha cambiado mucho desde la última vez que nos vimos hace ya unos años, enseña francés con mano dura. Los niños del colegio se burlaban de mí porque mi padre les parecía un tipo bastante cómico y eso hacía que me avergonzara de él.

También me acordaba de mi madre. ¿Quién sabe si mirando al cielo, cerca de la Luna había visto un destello producido por mi nave y la había confundido con una estrella? Y de mis hermanas. La mayor, que perdió el juicio con la santería y el vudú. Y la mediana, la más lista, que emigró a los Estados Unidos y trabajaba en una oficina en la sede de la ONU en Nueva York.

La sensación de soledad creció. Era una soledad absoluta. En la Tierra, uno puede estar solo aunque esté rodeado de una multitud. Y eso es triste. Pero al menos hay gente, aunque sea una masa detestable de gente. En aquella nave, flotando a cien kilómetros sobre la corteza terrestre, la soledad era una sensación asfixiante e irracional.

Comencé a pensar en Natalia a todas horas. Llegué a imaginar que compartía el módulo con ella, que hacíamos juntos nuestros trabajos, que comíamos juntos. A la hora de comer nos reuníamos, calentábamos o hidratábamos los alimentos y compartíamos comida, risas e historias. Otras veces sacaba su genio y se volvía indomable. Me miraba con su mueca de desprecio y decía una frase que siempre le había visto repetir durante nuestro aprendizaje cuando estaba fastidiada –¡Qué castigo!-. Por supuesto que tuve la fantasía de hacer el amor con ella. Muchas veces, nuestros cuerpos se acoplaron llevados de un deseo animal.

(continuará...)





lunes, 8 de agosto de 2011

PERESTROIKA (7º)

4 (R)




Al día siguiente despegamos en sendos cohetes que la propaganda soviética se encargó de enmascarar como un único lanzamiento de un satélite de comunicaciones con dos módulos. Esto haría que los observadores de las agencias espaciales de las demás potencias no reparasen en la jugada. Al contrario de lo que yo esperaba, mi viaje iba a ser en solitario. Mi compañera de expedición giraría alrededor de la Tierra en otra cápsula a miles de kilómetros de distancia de la mía.

De las palabras del Ministro se desprendía que estaríamos cinco meses en órbita. Demasiado tiempo para un canalla social como yo. Por una parte era optimista. Iba a ser uno de los pocos seres privilegiados que cumpliese una misión en el espacio y estaba seguro de poder realizarla sin contratiempos. Pero por otra parte, el discurso de aquel pez gordo dejaba en mi conciencia muchas dudas. Lo que más me alarmó, para empezar, fue eso de la preservación genética. En mi fuero interno me parecía un plan perverso. No en vano, por mis venas corría la sangre de los supervivientes del secuestro y genocidio de cientos de miles de africanos. Por otra parte, muy mal tenían que estar las cosas para que la Unión Soviética tuviera un plan semejante en previsión de un desastre nuclear de proporciones apocalípticas. La expresión “Guerra Fría” –en ese caso- no era más que un eufemismo. Una frase hecha que maquillaba una verdadera conflagración inimaginable más allá de los límites de la biosfera. Para terminar, me preguntaba cómo era posible que una misión tan crucial fuera encomendada a unos individuos que unos meses antes no eran más que unos simples desahuciados de la sociedad.

Antes de llegar a mi destino tuve que inyectarme para calmar las nauseas y, con dificultad, me coloqué el traje. Cuando después de cuarenta y ocho horas de vuelo quedé al mando del módulo orbital experimenté algo muy parecido a la felicidad. Desde las escotillas podía ver el planeta Tierra allá abajo –como en los documentales- mientras flotaba, libre de la ley de la gravedad. Me sentía inundado de paz. Me sentía minúsculo. Tenía conciencia de formar parte del universo como un simple conglomerado más de moléculas. Dicen que nuestros átomos formaron parte de alguna estrella, en algún momento del tiempo.

La primera vez que pasé por encima de mi isla bañada por el Mar Caribe, derramé lágrimas. Si supieran que estaba encima de sus cabezas en aquel artefacto, levitando ajeno a las leyes físicas que les mantenían pegados al suelo… El ser humano es maravilloso.

(continuará...)
 

domingo, 7 de agosto de 2011

FOTOGRAFOS DE PAISAJES NATURALES

Ansel Adams
Adam Burton
Tony Worobiec
Franco Fontana
Michael Keena
Josef Hoflehner
Hengki Koentjoro
Kaiko
Oriol Alamany
Diego López
Isabel Díez
Fernando Puche
Rosa Isabel Vázquez
Angel Fernández Saura
Joaquín Zamora
Mateo Pedreño

sábado, 6 de agosto de 2011

GLORIA (2)

miércoles, 3 de agosto de 2011

PERESTROIKA (6º)

5 (T)




Entre los aspirantes, prácticamente no hablábamos de temas que no fuesen nuestras materias de trabajo. La rivalidad era tan grande que no nos permitíamos familiaridades. Además, acabado el día estábamos agotados y nadie perdía el tiempo en otra cosa que no fuese descansar lo más posible. El premio a nuestros esfuerzos serían unos imponentes trajes metalizados.

Al final de nuestra preparación teníamos un solo instructor jefe –Yuri- que en algún momento, cuando el horario era muy apretado y no podía encontrar más privacidad para sus obligaciones espirituales, se apartaba suficientemente del grupo y se ponía a hacer genuflexiones en dirección a La Meca.

A nuestro entrenamiento teórico y práctico hubo que añadir los ensayos en la centrifugadora y en la piscina. Éstos constituyeron la última criba de nuestras pruebas selectivas. Debíamos familiarizarnos con situaciones de ingravidez cero en sesiones de mañana y tarde. En los simuladores de vuelo vivimos situaciones similares al estrés psicológico que sufren los astronautas y con continuos picos de fuerza G. Aprendimos las técnicas para soportar la dificultad extrema al respirar y para mantenerse consciente.

“Cuando notas la tráquea has de poner la boca en forma de embudo. Luego debes tensar los músculos del cuello. En ese momento darás un grito seco para recuperar la sangre, haciéndola subir de nuevo al cerebro. Además, para recuperar la visión debes parpadear al mismo tiempo que experimentas las G. Verás delante de ti un plasma en el que contemplarás como te alejas a una velocidad extrema”. Las explicaciones de nuestro instructor jefe eran precisas. El que no lo hacía a la primera, se iba. Finalmente, al cabo de doce meses de iniciada la instrucción, los seleccionados éramos Natalia la búlgara y yo.

El día antes del despegue vino el Ministro de Defensa en persona a desearnos suerte en el viaje. Sus palabras fueron escuetas: “Son ustedes héroes de la Revolución Comunista, del Pacto de Varsovia y de la Unión Soviética. Actúen como tales. Esperamos que los obreros, los campesinos y los intelectuales del futuro conozcan su hazaña. Su misión es ultrasecreta. La proliferación de armas nucleares, la política internacional imperialista de nuestros enemigos y la llamada “Guerra de las Galaxias” nos obligan a actuar con métodos expeditivos. Van a relevar a dos cosmonautas que en este momento circundan nuestro planeta. Cuando queden al mando de sus respectivas naves, si algo llega a ocurrir, deberán seguir al pie de la letra las instrucciones que conocerán en su momento. De ustedes depende la preservación genética del comunismo. Hablamos de un posible desastre nuclear. En el plazo de dos años transcurridos después del cataclismo deberán retornar a la Tierra y continuar con el fiel cumplimiento de las órdenes recibidas. En caso de no suceder nada, serán relevados por otros cosmonautas dentro de unos ciento cincuenta días. En nombre del Jefe de Estado y Secretario General del PCUS les deseo un feliz viaje al espacio”.

(continuará...)