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viernes, 28 de agosto de 2015

¿PERO QUÉ PASA?

¿PERO QUÉ PASA? Dicen que decir dijo, el Julián, cuando vio a su vieja en el suelo al escurrirse. Fue un desvanecimiento, se había dado una mollera con la leche en el piso, lo que le había producido una pelota de ping pong como un chichón grande. “Tú, lo primero que me has dicho ha sido, a ver, achanta la mui, cierra el boquino simplemente, nononononononononó, cállate. Estabas esperándome, y retestinabas un regomeyo cuando el dintel del hogar portalicio traspasé y andabas al tanto de todo, casi. La buscona…”, la madre le interrumpió para nombrar por su nombre a la mentada demostrando la mejoría pues, en los momentos previos a haber perdido la memoria, había dado preocupantes señales de lo acontecido, en taxi, por lo que Julián estuvo a punto de montarla a urgencias, “…te había, había tardado en largarte la historia… te había contado que nadie… excepto ella… me conocía. Que entrado al bar, se desperezaba al amanecer la mañana. El pueblo, en su amplio significado, había llegado, la montaña escupió el sol en el alma…”, y había sido despertada la madre recordaba que con un beso blanco por su hijo, “no era de noche pero era como si fuera oscuro e, insultando a la camarera, que pudo pensar que un arma blanca, por poner un ejemplo del pánico que debió sentir, le segaría la lozanía de su todavía inmaculada turgencia de zagala. Empujé a la hija del sol y de la luna. El artefacto pesetero quedó inservible tras colapsar.” La madre se limpiaba el sudor con un pañuelo que sacó del interior del sostén. “Y, tú ya me has dicho no me quieres como te quiero yo, y, los ojillos, te he visto algo, que se te iban.” Fffffffff. “Y huyendo me he largado, con pasmosa cachaza, te ha dicho la busc. la como se llame, y ahí está el quid de la cuestión has dicho tú, al volante de una ambulancia antediluviana se ha chuminado el delito culminándose”.
  “Te he replicado con toda la calma” (total, pensó Julián, me importaba un pepino lo del vehículo sustraído ya que desde el principio cobijaba una vaga intención de devolverlo, de hecho lo he devuelto a la administración al dejarlo abandonado allí, a la vista de todos los curiosos), “y” (con algo de épica) “te he relatado mi versión” (una versión demente de lo perpetrado) “eventualmente levitando quince metros, sin saber ni cómo, con un esguince en el pie incrustado en el pedal del freno, y estrellando el bólido contra un bordillico. Ná. Y tú, toda comprensión, me has dicho mongolo, idiota, me has pegado un rapapolvos” (y no le dio un sopapo de milagro) “por caraja por (por no…) decías. Y decías ¿Pero qué pasa? ¿Pero tú estás bien de la cabeza? Lo de la tragaperras, no es para tanto, que sí, pero es que has robado una ambulancia nada menos, so memo, ya. Que por eso te meten en la cárcel. ¿Es que no te das cuenta? Ay. Ayayayayay. Hijo mío. Ayayayay. Señorcito. Y yo te he dicho muy serio” apuntaló Julián desde el deseo subconsciente con un lapsus linguae “Mamá, he estado de viaje por las profundidades de mi alma, prometo volver a hacerlo en cuanto pueda. Game over.” (¿¡L!?) (Retrato de madre superada por las circunstancias). “De game over nada has dicho. Tú no sales de aquí en ocho días. ¿No ves que estará la policía rondando, melón? Abrase visto cosa igual”.
  Julián no había tenido mucha capacidad de réplica porque, es la verdad, se había propiciado una manola post-delictum. Llevaba dos días seguidos trajinándose y estaba agilipollado.
  Total, qué iba a hacer. Callarse. Era su mamá, la que había estado madurando un óvulo al fondo de su cueva, con los sanguinolentos inconvenientes que ello conlleva, que no tiene mucho mérito porque eso viene en el diseño general de los especímenes de su género, pero que al ser inseminada por su papá, ese cabrón anfibio metropolitano, había tenido la paciencia y el amor, sin conocer a Julián aún cara a cara, de calmar sus pulsiones vitales, adaptarse a un estado de vigilia sedosa y espectante, servir de envoltorio de seguridad a la nueva vida en cooperación simbiótica (por los proyectos azul celeste que el feto propiciaba, no otra cosa), resistir, respirar, contemplar las cosas con nuevos ojos, hablar con el (aunque a mamá esta comparación no le agradase) parásito que le chupaba la sangre, no quejarse, ilusionarse, llorar, aguantar la silenciosa irrigación hormonal sin inmutarse, haciéndolo todo como si fuera fácil. Y a pesar de que Julián era torpemente fuerte y le sacaba una cabeza, tenía que bajarla, humillarse y hacer como que comprendía que su mamá tenía razón.
  “Que todavía te empapelan, has seguido, y gracias que la busco., la golfa cuarentona del banco”, neeeeeene, “le ha dicho a la muchacha inmigrante que no diga ná, y eso que no estaba por la labor, que se había enterado de quién soy, has dicho, y has arrojado al suelo una bola de papel que nunca más nadie leerá, con las anotaciones queso, lejía, tela, peras.”
  Mariáaa, Virgen Santa, se persignó la madre, “entonces te he dicho yo balbuceando un poco, esto, el cómputo de los ocho días a contar desde ahora o son ocho días que son una semana de esas que te comes un  día, que dices ocho días pero es de lunes a domingo, eso”.
  Simpleçsa tamanha desmoraliçaría à qualquiera. La mamma (no la madre, la teta, sinécdofóricamente en homófono sapiens), la mamella, ese objeto en el cuerpo de su madre, lo adiposo que ella le ofreció como fuente de la supervivencia que succionar le aleccionaba en el calor y el cobijo, y en todas las ramificaciones del universo femenino, una ánfora vacía que cuando se va llenando suena como el Roland TB 303, le ofrecía la experiencia multisensorial (nada menos) acompañada por el tamtam acompasado del latir del órgano cardíaco, puro ritmo. Cómo se va a traicionar ese amor de madre tatuado en la corteza de la cáscara del forro del calostro del esternón para adentro, el regalo de la primera experiencia vital cuyo destete probablemente no había superado el mamón de Julián (Freud o Malinowski se esforzarían por decirlo mejor pero en la vorágine de la producción contemporánea primus et duovigintística ésto sería cursi). Total. Aquí habría que hacer un punto y aparte por la temática fisiológica que se desplaza para abajo, un poco más de una cuarta estándar, pero no es posible porque la primera y la última frases del párrafo, juegan. Una chorrada (sobre esto también se ha escrito, inclusive). ¡Hablemos! de la vasija propiamente dicha, alguien lo entenderá, en que, superado el traumático paso constreñido a través del oscuro cilindro húmedo del yoni de su madre, escupido, vomitado, expulsado, cagado de su placentero hogar durante nueve maravillosos meses, 270 días más o menos (el canal del parto, su pesadilla recurrente), en apnea, salió aquel pellejo morado que era Julián entre capas semicoaguladas de sangre y placenta (que acabó en el suelo como un despojo, qué lástima, su casita), el verrinche estalló y profirió el primer grito, sintiendo que se iba a ahogar hasta que la rabia le salvó la vida, y pronto llegó el pecho nutricio, del que ya hemos, y así pasó este trago (este Trauma). No lo sabía Julián, esa rabia iba a retornar, una regresión llena de odio, un odio sin dirección, rifle la mañana desmoronaría a la fiera.
  Una tarde, Rebecca le llamó al portero electrónico y Julián (in da house J) le dijo que su mamá le había castigado, o que no podía salir, que es lo mismo. ¡Por favor! ¡Cómo se puede ser tan pocohombre! Lo peor es que después vió, desde la ventana, a Rebecca con un gitano morreándose. Esos besos eran para mí, ayyyyyyy. ¿Y el magreo posterior en la boîte imaginado por Julián? ¿La caricia en los pechos que apenas son unos pezones hinchados? Qué tortura. No es ya este desamor (I can´t take the heartbreak…), es saberse un tarado, un impotente, lo que no es debido a otra cosa que el exceso enfermizo-compulsivo-bloqueante de tembleque de la templadica mano derecha sobre la banana. No es que sea pecado, es que es una putada cósmica, y si no, qué es el universo, una gran eyaculación de materia en el espacio vacío. Ostras.
  Lo cierto es que Rebecca sintió admiración porque el asunto llegó a salir en la prensa, con declaraciones de un tío con bastón y sombrero a la antigua que Julián no había visto en su vida y que decía ser alguien, el sheriff, en la gestión social de la barriada, y de una gitana responsable del Secretariado Gitano, es decir, la que ayudaba a un puñado de churumbeles a hacer los deberes en un bajo porque sus padres eran incapaces pues no sabían ni las cuatro reglas. ¿Pasaba por ahí?... no sé qué tiene esa que decir del asunto. En el bar de las máquinas, Rebecca arrancó la hoja del periódico con la noticia y la foto de la testigo frente al auto desguazado, a unas cuantas cuadras de allí.
  Pasados dos o tres días del cautiverio impuesto por la progenitora, Julián, harto, suplicó clemencia delante del espejo, “es que (no sé decir que no) mama, me comieron la cabeza (mentira), me debía encargar de conseguir un vehículo, y llegué con un vehículo, algunos se piraron porque decían que así no se puede, qué pasa, era un vehículo con capacidad para cargar lo que hubiere menester, que fuera una furgona de emergencias, es secundario, así que yo mismo (les iba a demostrar de lo que soy capaz) me encargué del asuntillo (y esos tíos del barrio, mis compinch., mis colegas, da gracias porque tienen pistolas, y yo evité toda violencia gratuita), pero es como si *tienes miedo y de repente te pica el culo*, éstos no admiten hablar del miedo porque *no lo conocen*, y entonces, al salir del bar, vi como la ambulancia se iba desmontando a cachos, perdí el retrovisor derecho, y la matrícula delantera porque le zumbé a uno por detrás, sobre la marcha, ya iba el parachoques medio descolgado, y entonces, bueno, después de estamparme me tuve que dejar el eje delantero en el bordillo, eso sí, pero era una reliquia, la hubieran tenido que dar de baja de todas formas, y cojeando, llegué a casa, jadeante, me iba a poner el tocadiscos para calmarme, solo necesitaba eso, y tú estabas ahí plantada y me dijiste ¿pero qué pasa?, y ya lo sabías todo, bueno todo no, y yo te lo expliqué y me dijiste como cantando tuaminomematas adisgús tooooooos, y ya se te iba un poco el color, y te caíste fulminada, por favor, perdóname, no lo quise hacer…”, que parecía puro house.
  E desta guisa termina este breve relato que s´entitula ¿Pero qué pasa?, e da cuenta de cómo un tarado mancebo se figura que son las cosas, e se destila muxo vaho en las axilas (te lo juro por los chicles pisaos delante del chino) et que insiste asta el tedio na mesma fechoría, mas se demuestra la elasticidade do tempo como si dun reló de Dalí se tratare. Fine de la puntata.










lunes, 17 de agosto de 2015

FÚTBOL CONCEPTUAL

- Vea este partido (el resultado es casi lo de menos*) porque es el cúlmen estratégico de dos estilos que buscan minar la personalidad que históricamente caracteriza al rival, con todas las artimañas imaginables.


*resultado: 0-0



miércoles, 29 de julio de 2015

INTENTO DE SECUESTRO SOBRENATURAL

  El niño y yo, que hacía de canguro, habíamos pasado un buen día juntos. El zoo, el parque de atracciones… Un plan más que suficiente. Sin duda.
  Ella, al principio, llegó en plan amable. No parecía la arpía de lo que vino después.
  Con el niño siempre a la vista, yo me puse a volar. Tenía el parque infantil a la vista al tiempo que gozaba de las sensaciones azarosas y lúdicas de un vuelo improvisado. De repente, ella se convirtió en fuego. Desde las alturas, la veía arder. Su fuego (las fuerzas electromagnéticas derivadas del aumento de temperatura) provocaba tales interferencias que yo me veía limitado para consumar mis poderes (me costaba coger altura).
  Un chófer, había llevado al niño a un coche negro y elegante. Lo había hecho con buenas maneras. Pero yo debía custodiar de él y el coche se alejaba y lo estaba perdiendo (¿hasta cuándo?). La mujer-fuego me impedía ir a buscarlo con sus maniobras de distracción.

  Fue en ese momento, lo recordará toda la ciudad, cuando emití el grito (en falsete, aunque lo hacía con todas mis fuerzas, incluso con rabia). De esa manera conseguí romper el encantamiento de la bruja, no otra cosa que la materia de la que se compone la barrera que hay entre el sueño y la vigilia: FUEEE-GOOOO, FUEEE-GOOOO.

domingo, 26 de julio de 2015

LA HIJA DE LA SEÑORA

  Ella es sofisticada, la hija de la Señora.
  Ha estado provocándome: me ha mostrado sus pechos (como en una película de Luis Buñuel) y también me ha desvelado la oscura plasticidad orgánica del bosque triangular en su monte de Venus.
  Sus hermanos (no olvidemos que la familia de la Señora forma un todo inseparable en que el patrimonio conjunto debe reforzar el poder) tenían un aspecto que me recordó (si no algo más) dos cosas:
1.       a los hijos de la Dama con más títulos nobiliarios de Europa, más incluso que la Reina de Inglaterra
2.       a quimeras humanas de rasgos indeterminados hibridados de la persona de dos personas distintas
  Es una “niña pija”, la hija de la Señora. Podría decirse que caprichosa además de culta.

  Pero en los últimos minutos, lo digo sin estar seguro del todo, se está transformando (a peor). Será mi percepción singular, mera subjetividad desviada, al haber abierto los ojos finalmente. Sus perfectas curvas se han perdido en un cuerpo vulgar, descuidado, con acumulaciones adiposas innecesarias.

lunes, 13 de julio de 2015

CÓMO CAMBIAN LAS COSAS

  Digamos que me había topado con mi primera novia (lo de antes habían sido magreos de quinceañeros), la que se llamaba como una marca de conservas. Pero peor era lo de su hermana, que le acompañaba en ese momento. La deformación cariñosa del nombre de pila a que la había sometido su familia (cosas de gente adinerada) le había agraciado una rima con el órgano genital masculino que no pasaba inadvertida.

  Parece que pasada la barrera de los veinte años, ambas habían seguido produciendo grandes cantidades de hormona del crecimiento, por lo que ahora yo, pegado a aquellas dos torres era un canijo. Su estatura y su corpulencia me intimidaban y no sabía qué decir, ni cómo actuar. Habían transcurrido algo más de dos décadas y, cómo cambian las cosas. ¡Con lo dominante que era yo entonces a su lado! Pero claro, eso era para ocultar mis debilidades. Creo.

viernes, 5 de junio de 2015

SUEÑO HECHO REALIDAD

  Siempre había querido viajar, recorrer el mundo, aunque lo más lejos que había llegado era al final del Camino de Santiago, donde falleció de un infarto. El avión que llevaba el cuerpo de vuelta a Murcia tuvo un problema y se vio obligado a hacer un aterrizaje de emergencia en Madrid – Barajas Adolfo Suárez. Inexplicablemente, el féretro acabó en la bodega del vuelo Madrid – Wellington (Nueva Zelanda).

sábado, 9 de mayo de 2015

ACIDO DESOXIRRIBONUCLEICO

ÁCIDO DESOXIRRIBONUCLÉICO. El día de autos, relevante porque nunca en el relato de los hechos iba a tener la ambulancia un espacio, había de madrugada que levantarse y después, pegarse una pechada de andar hasta el km. 13 de la Nacional, donde se encontraba el puesto de la Cruz Roja. En el camino, que hacía de biruji con la braga puesta simulando, la priva, comprar de ida cerveza, en la gasolinera, unas latas del km. 3, con los miniglobos guardados en la bolsa, el preparado a los cuales de bomba fétida se les había introducido. Alcanzado el objetivo 1, de la ambulancia con sangre fría abrir la puerta, girar puesta en el contacto la llave que estaría, salir sin ruido del lugar sigilosamente y llevar donde permanecería a salvo de las vistas el vehículo hasta un limonar de la poli y demás curiosos. *¡Ya en el gusto del limonar la radio se dio el camuflaje de conectar!*, que de arrancar las notas no acababa la fulana, para escuchar la canción I can´t take etcétera, (I can´t the heartbreak take aunque este dato no por efecto del sampler sino de una mente) dirigiéndose enferma a un limonar momentáneo donde aparcó de las vistas seguidamente el vehículo a salvo. De plástico llevaba los globos que había preparado donde la bolsa, *¡llenó de bombas fétidas la tarde!* (aunque estaba amaneciendo), tranquilamente sentado, aclarando cómo el cielo al volante se iba del sol. Y con la llegada del ataque, se bebió la traquea, aquel momento molesto por el reflujo sintió, mientras contemplaba las birras, el añil comprado en una antes droguería con limones, cerveza más que nada gástrica por el abuso, que estaba en un tiempo afectado de hipérbaton que hacía de la hiperacidez una pesadilla.
  Y llegó el momento de la acción. Condujo como un ambulanciero de verdad, con gran parsimonia, ¡toda!, aparcando la ambulancia en la zona de carga y descarga, justo enfrente de la cafetería, perfecto, a unos diez metros. Entró. Tras la barra había una paya-chacolate partiéndose de risa, con la piel con los matices de un café cortado, cuyo misterio ya refirió el poeta con los versos:
                                      Como si no estuviera
                                      su belleza oculta
                                      de oscuridad esfera.
                                      Cuerpo de luna nueva
                                      que el sol magno envidia.
  …con un culo como un fandango que no se explica así como así, porque eso no se ve todos los días (Julián se dió cuenta después). No la había visto en su vida. Quiere esto decir que en los acontecimientos que de subsiguiente desarrollo se desenvoluparon no había hacia ella, por su parte, ninguna rencilla, zero. *¡jhcvyr!* (paisaje + suspense = verso)
  Iba cargado con la bolsa de los limones arrojadizos y los globitos con la mezcla neutralizante apestosa, introdujo la mano, y con un tembleque (no) le empezó a lanzar todo el arsenal a la paya-chacolate, que ya no tenía ese tumbao de cuando Julián entró. Como respuesta, ella empezó a chillar muy agudo, muy muy agudo aunque no por ello él dejó de (no) arrojar sobre la zagala indiscriminadamente ella todo un bombardeo multidisciplinar de ácido cítrico, tufo azul y algún improperio tipo calla puta cooooño, pobre, no por nada, él se esperaba al tipo de la camisa amarillo culebra, ni verde ni amarilla, más bien parduzca tirando a pulpa de regüeldo, el de siempre, no a una zumbona cachonda en su primer día de curro. A limonazo/globazo limpio, glimonazo, se podría decir, sólo de bombas fétidas (no) tiró medio litro. Enseguida el aire se volvió nauseabundo, una nube de putrefacción, repulsiva, con la media y comiendo pan (por si le reconocían) que no era Bimbo sino pan duro de dos días, más apropiado porque había que masticarlo más, no podía respirar, hiperventilado, por poco se desmalla allí mismo, lo más apestoso que un humano se pueda echar a la cara sin llegar a perder el conocimiento, un asco.
  Con la paya-chacolate acribillada, el chocho agua de limón, que había parado de chillar, y dos tipos sin identificar y la golfa cuarentona de la caja de ahorros (el calificativo solo porque la mujer tenía más de cuarenta años y se arreglaba) boquiabiertos, Julián consideró que el bombardeo había hecho su efecto. Se fue a la máquina tragaperras, donde no estaba el chino que le debía dar su aprobación sobre la madurez del artefacto, ¡qué qué qué poca seriedad!, masculló (a lo que la máquina le contestó con la electricidad de una polca de Johann Strauss hijo) y, agarrándola por arriba, empezó a zarandearla, con qué poca consideración, provocando un escándalo sísmico de calderilla, cosa que trató de impedir la paya-chacolate, que era la única que le echó reaños, dado que los tres clientes no movieron sus aún somnolientos culos del sitio, puede que. ¿Había alguien más dentro, en la zona no apta para menores?, ¿había cámaras? La tiró al suelo, la máquina. El buuumba hizo un silencio que pareció insonoro y le hizo entrar en razón. Preñada de monedas, fue cuando la máquina pegó el talegazo en el suelo cuando Julián se dio cuenta de que estaba solo y de que nadie le iba a ayudar a sacar aquel trasto, que pesaba un quintal, de allí. Los supuestos compinches, los de la banda de las pipas, no estaban porque el plan se había gestado nada más que en la mente de Julián que, allí y en ese momento fue consciente, porque solo lo había montado todo. Así que salió de allí, andando, como si saliera de desayunar, sólo que con una media (no) puesta en la cabeza, momento en que en español caduco con unas erres que parecían neerlandés sintió a sus espaldas oiga varón, batracio, ¡shunsho!, mire cómo me dejó la franela, podéis caribealnos, pero no a los pacos y menos a Jehová, ¿cachó? Se montó en la ambulancia y se piró a toda hostia.
  Es excesivo el episodio, con un plus inútil de espectacularidad influida por los mass media la publicidad el mal cine etcétera, y por tanto carente de credibilidad el asunto de los globazos, los limonazos y lo de la media en la cabeza. Ello solo fue un proyecto, una paja mental que le llevó a Julián a investigar, averiguar, recolectar, practicar y oler en la soledad del descampado pero nunca a ejecutar en esos términos, ni en otros; todo mentira. Las demás cosas ocurrieron pero tampoco en ese orden o siguiendo ese guión. Así que hay que pensar que lo aquí contado es una jugarreta de la memoria. El ataque de glimonazos, a grosso modo, es lo más abyecto que una mente pueda imaginar, aparte del holocausto y vender drogas en la puerta de los colegios, y eso, esa violencia machista, no está en el ADN de Julián desde que se llevó una somanta de palos, la primera, un día que una zagala abofeteó a su amigo en la puerta de una discoteca y sus ansias de vendetta se volvieron contra él. Y además, cabe preguntarse por la birra. Todo ese volumen de diurético escanciado en la garganta tenía que salir por algún sitio, además de la euforia, el pis. A un lado de la carretera, donde haya un público que se enoje, pero es inconsciente. Demasiado fácil.
  Alboreto. Al bajar el panel anti-deslumbramiento del conductor, que es temprano aún, no hay que olvidarlo, y el sol molesta, aparece una pegatina con el logotipo de Marlboro y el nombre del piloto de Ferrari. Subidón. El episodio de lucidez duró poco porque como la semana antes se habían llevado detenido a uno en el barrio parece que por un asuntillo de un ciclomotor ilegalmente expropiado a su dueña, parece que con fuerza, pues se ve que a Julián le vino a la mente el incidente, y es que como hubo un pequeño forcejeo, por miedo al tumulto, llegó a haber hasta doce vehículos de la policía. Al salir de la blitzkrieg fallida, todos aquellos polis andaban persiguiéndole, parece, así que aceleró, como una moto, literalmente, colándose por los intersticios del tráfico, con los demás conductores impresionados e incrédulos de lo que estaban viendo, acojonados y cabreados en plena hora punta. Una ambulancia sin la sirena puesta haciendo eses en plan tocapelotas, saltándose los semáforos en rojo, y con una supuesta escolta de doce dotaciones de policía pisándole los talones, de mentira. Voooooy follllaaaooooo y el cambio de rasante en la vía rápida, el semáforo en rojo, la pila de coches, frenazo, bandazo, un bordillo de dos palmos, vuelo, pie en el freno incluso en pleno vuelo, caida, sin parar de frenar, frenar, lo que siempre está lleno de coches está limpio, están todos en el atasco, y al final, un coche aparcado, con un destrozo importante para la ambulancia sobre todo en los bajos, por el bordillazo y no tanto para el coche aparcado que sólo había acabado de frenar la inercia de la ambulancia ya habiendo liberado el 99% de la energía cinética previa, en seguida los curiosos, madres y sus niños que van al cole, tipos con corbata, y un mundo de pies y manos sin identidad que se dirigen a sus anodinos quehaceres y Julián sale, como un piloto de verdad, sin contusiones, sigue andando como quien pasaba por ahí, como si fuera a llamar al seguro o la grúa, o lo que sea, el caso es que se piró.
  Volvió al bar, para ser exactos, a la puerta, desde donde se podía percibir ¿o era memoria olfativa?, eso fue en el descampado, y en el cobijo del umbral de la puerta Julián observaba los movimientos de la policía y los testigos, la paya chacolate con una mano en la frente y la otra en la cadera prodigiosa, como la curva de Santa Devota en Montecarlo, peligrosa de puro carnal, casi inevitable el tortazo, hablando con un madero, y una seguridad: la puertez me protegía de todo aquello, un follón, los polis al lado, si hubiera llevado un letrero en la frente no se habrían dado cuenta tampoco, tan ofuscados buscando pruebas… “soy el que ha pegao el palo en la sala de juegos” pero la poli debía estar de vacaciones… solo quiero danzar, reventar el sampler, yeah. Hubiera querido comunicarse aunque fuera tartamudeando como la chica del sampler y pedir perdón, al precio que fuera, la comisaría, la carcel. Ser el malote de una comunidad se merecía el coscorrón… pero Julián no pertenecía a ninguna comunidad, ya era un solitario, un maldito.
                     
I can't take the hearbreak of you leaving me again

  And I'm not the one I was back then, no, no, no, no

domingo, 22 de febrero de 2015

LYRICS

Tea Leaf Dancers
  And it's alright if you want, to be who you want to be...
But right now, I gotta' go...
(Harmonizing)

  Hasta los políticos, que vistos al microscopio, Piedra Rosetta, bomba nuclear, hélice, rueda, no siguen más que una serie de rituales tribales atávicos, propios al eucarístico alzamiento de manos mágico. El fermento euforizante mediterráneo hijo de la vid y la miel de Sodoma, penetra en sus meninges provocando ese comportándose a veces como borrachos portuarios, gamberros de la peor calaña, cantando como hooligans. Ya se sabe, orinar, como chuchos, en el pavimento sagrado de los antepasados metecos y dejar una huella olfativa que haga las veces de frontera. Levantándose para legitimar como lo haría una tribu indonesia de cuyo nombre no me souviengo maintenant. Mas, cabe destacar y traer a colación el Land Art (USA), que no es otra cosa que la apropiación (apropiacionismo pastichero a mansalva) por parte de la cultura dominante del savoir faire de las kulturas que funden sus raíces en el humus y nada más, sin darle mayor importancia a algo que no la tiene porque es herencia de padres a hijos. Hablamos de Suramérica, el arte primitivo (¿?=L), Australia (y todos los misterios

evolutivos no ya sólo de las especies animales

sino de los mismos homo sapiens), la India 

precolonialista, etc. Es decir, dejamos los

asuntos públicos en manos de individuos

que se comportan, en el mejor de los casos,

como agricultores alemanes pasados de

rosca por el uso de benzodiacepinas

mezcladas con caldos baratos en tetrabrik, y

eso en Londres, ya no digamos en los países

de la Europa meridional.



Reorganización urbanística en la ciudad de Hiroshima Japan, en Japón, una vez que fue uno a poner las cosas en orden en la cosa pública y se le fue la mano mandando dinero negro a las Islas Caimán, que hay que buscar en el mapa porque son muy pequeñas, y no siempre vienen los paraísos fiscales.
  John Lennon con barba y uniforme a lo Fidel

Castro= Mad Sheer Khan. Y hay que

aclararlo. Se trata de actitud más que de

aptitud, hecho triste que tsunamiza algo

tristemente el espectro mediocre los medios

de masas imperante en, uso pornográfico de

la violencia, falta de observancia de las

reglas dadas por y para sí mismos, spatio

temporel discorde a los invasivos aunque

invisibles efluvios ondulantes de la

telemanifestación influencia solo no por

medio de lenguajes principalmente aunque

no sólo orales (mecagoeninternet, en

internet me cago)(lo mismo del móvil). No se

saben ciertas cosas del mundo que no

vemos. El hombre es tan limitado… (léase

esto último de manera plana) a pesar de

sustanciar el teletransporte en un tubo

subterráneo en Suiza, y qué decir del

proyecto marciano, los nuevos héroes de la

industria humana.

Los antiguos rituales, pese a los esfuerzos de las potencias coloniales, siguen vigentes a lo largo y ancho del mundo real, el que no hay que enchufar. Aquí vemos un grupo de voluntarios que después de prestarse a toda clase de vejaciones iniciáticas serán reducidos a tendoncillos chupados en el templo antropofágico de Yum Yum (Culiculiland).

  Y es por lo que tiene sentido el presente

 enunciado: Positivismo abstracto: aquella

 codificación lingüística que por un motivo

 imperioso o incluso perverso se ha alejado

 del referente figurativo, del significante; el

 significante mengua y el significado se

 agiganta ¿o es al revés? Una proposición

 cualquiera tiene sentido si es rigurosamente

 verificable, verificaaaable, que me lo

 expliquen (observar durante unos instantes

 el siguiente gráfico cutre que no tiene

 ningún sentido, aunque lo parezca).




Sistema filosófico-------------------------- 

                                        clásico A. Comte

                                                         Neopositivismo lógico

   OJO—Wittgenstein ---------------------------I

                                 ----franceses????????


------Foucault




  La presumiblemente graduada en Bellas

Artes, Erasmus cabe, Ioanna Tsigonia, de la

tierra del pebrot un poco más para allá que

para acá, dependiendo de la escala del

mapa al que se acuda, que no tiene nada

que ver con el descubrimiento de las

Autoenciclopedias explicadas con lenguaje

cuántico, ¡Oh maternal cuneta!, y,
confesemos algo que es en toda regla una

denuncia, no sabe (o ¡no tiene tiempo!

para) maquetar el edificio básico de la

transmisión del conocimiento heleno de

estar por casa, por mucho que su lengua le

permita repetir como los loros las palabras

ya antes del calendario pronunciadas por

Platón, Sócrates, Aristóteles... mejor dejarlo.

“Vale que te tengo como a una diosa pero no hace falta que te lo creas tanto” (Miss City, Casi  / Acidoamigo / 

www.elpajarodeldesierto.blogspot).

El soldado de Infantería Pájaro del Desierto de las Tropas Anfibias del Cañón de la Calavera Pisada en traje de gala ante el fenómeno anual del solsticio de invierno, que en mala hora llegó aquel maldito año, pero qué se le va a hacer, somos simples conglomerados moleculares llevados de aquí para allá por el capricho del karma. 


2ª fotografía: A policeman drives a motorcycle over police graduates as they demonstrate their skills during a graduation ceremony in Baghdad March 20, 2008. About 900 policemen graduated from the national police school in Baghdad after finishing their training on Thursday.  REUTERS/Mahmoud Raouf Mahmoud(IRAQ)

resto de fotografías: sin acreditar

miércoles, 11 de febrero de 2015

EN AMÉRICA (HEAVEN)

EN AMÉRICA (HEAVEN)
  Había estado dando vueltas por un puñado de discotecas. Viendo el ambiente. Calibrando la música. Y eventualmente entré en una (en otra +). Los encargados de la música, en la planta baja, más que dj´s, eran unos notas con pinta heavy que “hacían” la música dance en directo. Y en la planta baja no había nadie más, sólo los camareros de la barra. Así que me pedí algo para beber y me dirigí hacia el ascensor.
  Al llamar, lo que hice fue mandar el ascensor para arriba (una cagada). Subí unos escalones y, ya sin cagarla, pues había unos tipos (2 ó 3) que hablaban y me miraron, me metí en otro ascensor. Y me fui al primer piso donde todavía había que subir unos escalones más con los pasamanos cromados.
  Y allí, casi cara a cara, aunque ella no se dio cuenta, me crucé con mi ex pareja, la loca, aunque en ese momento no lo parecía (incluso pensé que todo el tiempo que estuvimos juntos fingió).
  Estaba con un tipo que debía ser su novio porque éste se le acercó por detrás y juntando sus cuerpos la acarició levemente con el rostro.
  Ella estaba bellísima. Llevaba un top (muy poca cosa) cilíndrico de plástico y una falda (que transparentaba) de tul, con mucho aire (¿?). Todo en diferentes tonos de azul cielo. Nunca antes, ni siquiera cuando nos conocimos, la había visto tan deseable, sensual y sofisticada.
  En el local había bastante gente, sin ser un llenazo. Por cierto, la iluminación jugaba con los mismos tonos del vestido azul cielo.
  Y al salir a la calle, en la acera inclinada, había un Jaguar con la puerta del lado más bajo abierta de par en par. Al lado había tres americanos (una chica). Departían de buen rollo. A uno de ellos lo había visto dentro. Era grande, negro y simpático (un poco patoso).
  Este grupo contrastaba. Contrastaba con el autocar que tuvo que frenar con cierta brusquedad al llegar a un resalto. Estaba lleno de ingleses, de banderas británicas (Union Jack). Quedaba claro que eran mochileros. Nada que ver con el estilo de los americanos pijos. Y contrastaba con la ciudad al fondo del descampado interminable inundado por la maleza. Era como el lado menos fotogénico de cualquier gran ciudad europea decadente, azotada por la crisis.

sábado, 27 de diciembre de 2014

EL PLAN

EL PLAN. Ya iba todo el mundo en manga larga excepto un señor regordete. Rebecca, dime la hora que me dé un infarto, se estaba tomando una birra con el caballero del vacilón, que necesitaba de manera urgente so riesgo de colapso aclararse las ideas ingiriendo abundante agua y sobando setenta y dos horas seguidas, quiero ser tu amigo, que hacía lo propio con un cubata.
  En una mesa hay cinco cervezas, uno el primero que tiene los brazos como bulldogs cabreados que son de genética y que empujará a Julián, que guardará por ello un rencor, a discernir el proceso mágico del tra. de la inf. a la madurez psico. completa, digamos, mi chache se quedó en el paro y se había ido a por droga ¡trece kilos de farlopa! y patatín patatán, uno el segundo que guarda una pipa, hierro, fusca, artilugio, una Sig Sauer 9 milímetros Parabellum, entre la tripilla por debajo del ombligo y la cintura del pantalón, que le dio una leche a uno de un bar, el dueño, con la pipa en todo el careto y aquél lo llevó ante los tribunales pero no quedó demostrado, hijoputa pero niño que soy tu tío qué estás diciendo loco, con sonrisa pícara y diabólica, uno el tercero que no tiene una amenazante presencia física, más bien al contrario, mas es muy peligroso por su estéril y atravesada hiperactividad mental insana, suponte que yo voy a drogarme y te dejo mi cartera y voy y me drogo, que también desarrolla un fetichismo hacia las armas de fuego, las intifadas gansteriles, disparar a las señales de tráfico, uno el cuarto que, la pura verdad, que fue por accidente, el pobre Bicho se desangró en un momento allí mismo en brazos de su compadre y homicida, manipulando el arma, una fatalidad que le acompañará siempre, me como quatro tripis y le meto una ráfaga plomo, que no es otra cosa que un desahogo, como lefa, algo puramente masculino, y ya nunca lleva fusca, en todo caso una navajilla para cortar el costo, y uno el propio Julián, que no encaja mucho del todo en esta banda pero encaja, que el pistolero le amenazó con el arma y cómo Julián salió ofuscado y sin conocer a nadie, pues el otro se acojonó un poquillo por su silencio ausente de Julián y, ya desde entonces le respetan y, a pesar del abuso cometido, el provocador le dijo que sí que era peligroso, que era lo mejor que le podían decir a Julián en ese momento.
  En Lingua Franca del Suburbio agravada por el paro endémico en el barrio, qué van a hacer, ¿¿lacerarse??, ¿¿crucificarse y descrucificarse??, ¿¿comerse la opacidad de la roña??, ¿¿cortarse el culo??, cuando un maestro de escuela inepto, o no ya eso sino demasiado cartesiano o racionalista o dogmático, que no cree o no se acuerda del juego la improvisación la magia e, ignora, soslaya que alguno de esos cachorrillos hambrientos le comería una partida con que sólo tuviera la reina a Kasparov, aunque no son tan diferentes de los gañanes que habían apaleado a Julián por el asunto del butano, alérgicos a la pestañí y al orden, siempre, cuyo universo de drogas, un universo casi gratuito si no fuera por las expectativas del ciruelo, de fricción sensible delicada húmeda y angosta de lo que se suele exagerar teatralizar novelar mentir y segregar información o por lo menos ahí,
tirépapiruulé
tirépapiruulé
esteioondsíinpirulé
lacassxmashíinpirulé…
rarónrarón
rarónrarón…
yeaeaeeaeaaa jipme…
alirlbiruwéspirulé
cómooojipme
alirlbiruwéspirulé
jipmepirulé
aahpirulé…
el sist. educ. comienza a perder tranco frente al tiburonaco hambriento, en sentido figurado, de la prevaricación y la endogamia oligárquica.
  ¿¿Las Brown Sugar?? Se produce el cortocircuito mental, el espejismo lunar, el pensamiento, que es lenguaje interior, y es ruido interior, en indisoluble complicidad con el apretón del esfínter A (puede que síntoma en el origen de los celos patológicos y sus consecuencias) de Julián, se conecta a una vía autooperante, lejos de allí, lejos como un frenazo estéreo en un túnel con sus dos bocas, como un suspiro en el umbral de la calle y se está pergeñando un plan en la mesa, que no es tangible realmente en otro espacio-tiempo que en las propias experiencias imaginativas de Julián, o por lo menos no es participado por los otros cooperantes necesarios, que hablan de drogas, sí, algo ciertamente repulsivo y censurable quizás aquí relacionado con la delincuencia y la adicción, de esto y lo otro primo, sí, pero de la máquina tragaperras, no, y menos desde que Rebecca, ácido jazmín de mediodía, se ha separado de ella, que ahora está en otro lado de la barra hablando con una señora con pelusilla en la barba que pregunta con quién tiene que parlamentar acerca del rescate, que le han robado el coche.
  En fin. A lo que íbamos. El plan (sólo de Julián, para entendernos): robar la máquina tragaperras ¿para resarcir a Rebecca?, ¿gesto de reivindicación para demostrar lo kie que es?, es lo de menos.
  ¿Cómo se hacen bombas fétidas? Sí. Ya me acuerdo. Esto… YO soy conductor. Esa es mi especialidad. No tanto robar, no, robar no, hurtar coches, vale, los vuelvo a dejar en los alrededores exponiéndome a que me pillen, eso es honradez, no soy un quinqui. Mi papá me enseñó a meter las marchas y soltar el embrague y ya lo demás pues es ver grandes premios por televisión y talento natural. Es que, ¿sabes?, cuando cojo un volante tengo que ir a todo lo que da el trasto, como con el culo endiablado de guindas. Pero claro, me dan un papel protagonista en el golpe, para no mojarse ellos (y eso les perdió como se verá) y claro, ¿sabes?, como no se decir que NO, pues voy.
  Bombas fétidas. Añil + vinagre + lejía. Bombas fétidas. Y entonces hay ya que pensar en no dejar huellas, evidencias y esas cosas, desfigurarse deformarse la cara con miga de pan Bimbo sin comérselo ¿eh?, ¿yo me lo comería? (por la ansiedad, el apretoncillo a la altura del estómago, las ganas de mear), y una peluca, gafas, ETC. A ver, abrir las puertas, la chica (¿Rebecca?) se mete a jugar en una máquina, ¿en el bar o en la sala interior?, hombre, la máquina, el objetivo es la del bar, que está más cerca de la salida, la escapatoria, hay menos camino por recorrer. Hay que focalizar: *robar máquina tragaperras*. Si no, un chino ludópata. Los chinos saben cuando la máquina está a punto. Podría ser una ayuda pero habría que darle un cinco por ciento por lo menos, pedazo de maricón. El chino estaría dándole dándole dándole el culo a la máquina, y esa sería la señal, la luz verde. ¿Y si hay más chinos y no sé cuál es el chino?, y cojo una máquina que no es, es que todos son iguales, bueno, todos menos mi chino, que es un huevón, que la que se juega las perras es su parienta.
  Pero no. Tiene que ser más directo. La ambulancia con la llave puesta en el puesto de socorro de la carretera, de la cruz roja, un día iba borracho y me puse a dormir en la ambulancia, veníamos el Ohyeah y yo y el Oso del quinto pino y estaba cansado de andar, abrí el portón trasero y me puse a sobar en la camilla, pero si no me llego a levantar echo las papas dentro de la ambulancia, salí de allí corriendo y sudando unos goterones… y siempre están puestas las llaves. Y claro que hacen falta precauciones, sin menoscabo de la testiculina. Se podría consultar con alguien de peso en el barrio, alguien con un currículum. ¡Qué va loco! Entonces hablamos del cincuenta por ciento. A ver, lo de las bombas fétidas es para ganar tiempo y crear confusión, aunque parece una chorrada, ¿sabes?, no lo es.
  Y para bajar el estrés te haces una autosatisfacción completa del asunto, y si después de la primera, con el estrés del delito nunca se sabe, pues necesitas rebajar más tensión, te vuelves a rascar, que no es que sea lo más recomendable porque algo se nota ya, en la energía, en la prestancia, pero claro, hay que dejar, si se puede, dejar solucionado el problema en la zona a trabajar, y sí, con un poco de voluntad, se dejan reposar las cosas, lo cual puede ser un esfuerzo añadido, que a lo mejor es deseable que todo fluya y no se demore mucho, y ya con mucho tiento se hace otro acercamiento, a modo de prueba y, si el asunto se perfila factible fácilmente, se procede con un eventual segundo intento, que sería deseable que acabase con la tensión porque un tercero sí que ya se nos va un poco de las manos, pero nunca se sabe, por lo de la prestancia, y ya, se limpian bien las pruebas, es decir, hay que deshacerse de los restos, la huella, ¿verdad?, se tira de la cadena, y todo esto antes de perpetrar el delito y se te quita la tontería.  
  Recapitulemos: agua (unas latas de cerveza valdrán), pan Bimbo, media de seda, lycra o similar (porque con el pan solo sería una payasada), furgoneta potente, 300 CV., bueno, ese trasto tiene más años que la Charito y pasa la ITV porque es de la Cruz Roja, portón trasero, ácido cítrico, bombas fétidas... los otros estarán esperando para arrastrar la máquina tragaperras hasta la ambulancia y yo ya sólo tengo que salir cortando de allí.
  (Pero todo salió al revés.)

  Y el Porranegra le dice insistentemente a Julián que si tiene papel, ¿es que no oyes?, (que es para hacerse un cacharrito de hachís).

miércoles, 17 de diciembre de 2014

EXCUSA PARA UTILIZAR EL NEOLOGISMO PRECUELA

  Zacarías Mediavilla y su hija de once años se subieron a un carro de combate.

  Si bien no sabemos qué es lo que les conduce a ello o por qué lo hacen, sí tenemos la certeza de que van solos, sin compañía de animal o cosa alguna. Suponemos que alguien anónimo maneja el ingenio. La carrocería del monstruo acumula costras de materia terrosa sobre las que hay barro reciente.

  La máquina bélica enseguida adquirió una considerable velocidad en el terreno desigual del páramo e iba dando bandazos por lo que los nuevos pasajeros, es decir, Zacarías y su hija, tenían serias dificultades para asirse con suficientes garantías a las correas de seguridad, unas agarraderas de cuero que a tal efecto había junto a sus asientos.

  El carro de combate carece de una cámara interior cerrada para los operarios, por el contrario, es abierto o, digamos, descapotado, debido al gran calibre del cañón.

  Por increíble que parezca, la niña se esfumó. En su lugar, un perrillo canijo de raza indeterminada que había aparecido de la nada se cayó del tanque. El animal no sufrió daños porque se escurrió justo por el espacio intermedio de las cadenas.

  Si queremos seguir una lógica, es de suponer que la niña se había metamorfoseado en perro.

xxx

  Lo que sigue es la precuela de este suceso que, aunque aparentemente no aclara nada del mismo, asimismo abunda en dramáticos incidentes que rayan en el sinsentido. El preliminar episodio acaece en los primeros días del otoño del año de la crisis del ladrillo. Todo comienza en una calle estándar, en un núcleo urbano del que no nos importan mucho sus datos demográficos. Los edificios de cuatro plantas a los lados responden al modelo aséptico de ciudad europea.

  Zacarías caminaba acariciando el saxofón de la policía que llevaba colgado al hombro. No sabía tocarlo pero le sacaba sonidos y, en sus ratos libres, se entregaba concienzudamente en un ruidismo abstracto.

  Conocemos el dato que conecta policía y saxofón por el troquelado en el instrumento, que lo identifica (igual que un coche patrulla).

  De repente una banda de sudamericanos, ninguno superaría los veinte años, le rodeó. Pensó en huir pero era imposible. Entonces, con su verborrea más elocuente trató de convencerles. Incluso llegando a las manos, a pesar de la superioridad numérica de los pandilleros, intentó evitar lo que ellos querían: el saxofón y nada más. Finalmente consiguieron arrebatárselo. Tras contemplar cómo se alejaban con el instrumento, sin darse por vencido, les siguió los pasos.

   No sabemos cómo encaja el episodio de la tasca. Hemos de dar por sentado que hay momentos de la historia que desconocemos. Pero al menos sabemos con toda seguridad el orden de los acontecimientos, por inconexos que parezcan. El local, todo de madera, congrega a clientes habituales de edad avanzada. A todos, ex militares y ex presos, les une un pasado de enclaustramiento (acuartelados o enjaulados en una celda, lo mismo da).

  Los clientes que no pululaban por la barra o estaban sentados en las mesas practicaban un extraño deporte. Se subían a lo alto de una rampa y, con unos artes similares a pequeños esquíes, se lanzaban rampa abajo. Al final de la rampa simulaban algo parecido a un salto de esquí sólo que sus vuelos no superaban más de un metro de longitud. Mientras que algunos de los participantes solventaban el salto con algo de elegancia, otros se escurrían al final de manera un tanto cómica sin conseguir volar nada.

  Suponemos que Zacarías tuvo éxito en sus pesquisas en la tasca porque el relato de los hechos se reanuda con el agraviado llegando a la guarida de los ñetas. Allí, Zacarías descubre la traición de sus propios amigos de la infancia, camuflados entre el resto de delincuentes de la banda. Seguidamente, las cosas se van a poner muy feas.

  Tras unos golpes, aparecieron los cuchillos hiriendo el aire. Unos (“los indios”) y otro se jugaban la vida. Zacarías, a pesar de su soledad, estaba dispuesto a todo para limpiar la afrenta del saxofón.

  Llegados a este punto, Zacarías se acuerda (¿o se da cuenta?) de que, además del saxofón, le han sustraído las llaves del coche (con la libreta de ahorros dentro). Aunque el auto está aparcado lejos porque no había sitio, él sabe que finalmente tendrán que encontrarlo. A pesar de todo, por el momento, eso no es lo peor.

  Presionado, Zacarías se vio obligado a huir, esta vez sí, a la carrera y, con los otros (dos o tres) tras sus pasos, llegó a una casa destartalada, casi una chabola. Allí, los pandilleros, que venían a asesinarle, le acorralaron en un patio.

  El patio, recuperado a los escombros, sirve para sacudir alfombras, además de tendedero y corral de gallinas (por los restos de mierda).

  Los malhechores consiguieron agarrar a Zacarías y acto seguido, mediante una presa, uno de ellos lo inmovilizó contra una barra que servía para tender alfombras.
 
  Zacarías está doblado contra la barra, dando la espalda a los delincuentes en una posición un tanto indigna (vulgarmente, con el culo en pompa).

  En ese momento dos mujeres árabes, muy tapadas y con velo, acudieron a ayudar al vencido Zacarías de manera providencial. Con una contundente barra metálica, una de las mujeres golpeó al que sujetaba. Luego Zacarías se zafó de la llave y, sin saber ni cómo, “hizo” que el que previamente le había sujetado entrase en una combustión espontánea (algo pirotécnico, como una gran cerilla). En unos instantes el individuo se había consumido hasta quedar reducido a una especie de caparazón de erizo. Ni que decir tiene que, a la vista del prodigio, los otros dos tipos salieron de allí despavoridos.


  Zacarías demuestra una gran inconsciencia ante el miedo. Recupera las llaves del coche (no sabemos exactamente cómo o dónde las encuentra) y, consecuentemente, la cartilla. Pero el saxofón, al final, sigue en manos de los ñetas, que se salen con la suya.